un marzo como un mayo
3, 06 de 2006-04-06 de 2006
-o cómo revivir lo vivido-
Se me ocurren muchas formas de titular este post acerca de la problemática del CPE en Francia. Por un lado, podría referenciar las movilizaciones, por otro a los bloqueos de las universidades, por otro a los sindicatos o al gobierno -o a ambos-. Podría también recoger las impresiones de los estudiantes Erasmus o las inquietudes de aquellos estudiantes que preveen resultados nefastos para sus impecables expedientes. Acabo de empezar a escribir...
Francia y su Vª República no viven su época dorada, esto es una evidencia. Aquí gusta llamar cualquier movimiento, sea de la índole que sea, revolución. Los franceses, como el resto de la vieja Europa, están anclados en el pasado, y se la juegan a la más mínima, buscándo por su geografía cualquier resquicio de la aclamadas y perdidas Liberté, Egalité et Fraternité.
“En Francia no somos de la derecha, no somos de la izquierda. Somos del cambio” explicaba un día una compañera francesa, al principio de llegar a Francia, cuando los erasmus recien llegados soñábamos la República. “Chirac, políticamente correcto -y nunca mejor dicho- jugando a ser De Gaulle, pero sin tener la garra y la decisión de éste. Para Chirac todo se soluciona con un referéndum”.
Y Francia necesita un cambio y, da la sensación que el gobierno no sabe cómo articularlo y, la ciudadanía no sabe cómo encajar la indecisión. Los fallos de los últimos meses hablan por si solos: las revueltas de noviembre, el papel que están jugando los medios de comunicación, las caricaturas de Mahoma y ahora, el CPE -precedido por la votación del CNE [Contrato de Nuevo Empleo] en el pasado verano que entró en vigor el 1 de septiembre y no es otra cosa que un nuevo derecho de despido adjudicado a las patronales-.
Hay quien compara el marzo del 2006 con el nostálgico mayo del 68 -incluso para los que no lo vivimos-. Mientras en España se polemiza con los macrobotellones -o macrobotellonas, ya no sé- y el pobre espíritu de la juventud española para protestar por las cuestiones que realmente les afectan – vivienda, empleo, educación, patatíypatatán-, en gran parte de la geografía francesa se vivía el neo-68. Movilizaciones estudiantiles encabezadas por los principales sindicatos, universidades bloqueadas, revueltas, heridos, las paredes de las ciudades llenas de carteles: REVOLUCIÓN.
Y ayer, mientras paseaba entre los restos de una gran manifestación celebrada en Lyon, olía a cerveza, escuchaba timbales, cariocas y malabares, la fiesta entonaba un afrancesado Bella Ciao... y veía manifestaciones, sentadas, encierros, acampadas en las noticias de los telediarios españoles de ciudades como Barcelona, Santiago o Sevilla repletas de jóvenes creyéndose también su neo-68
Se me ocurren muchas formas de titular este post acerca de la problemática del CPE en Francia. Por un lado, podría referenciar las movilizaciones, por otro a los bloqueos de las universidades, por otro a los sindicatos o al gobierno -o a ambos-. Podría también recoger las impresiones de los estudiantes Erasmus o las inquietudes de aquellos estudiantes que preveen resultados nefastos para sus impecables expedientes. Acabo de empezar a escribir...
Francia y su Vª República no viven su época dorada, esto es una evidencia. Aquí gusta llamar cualquier movimiento, sea de la índole que sea, revolución. Los franceses, como el resto de la vieja Europa, están anclados en el pasado, y se la juegan a la más mínima, buscándo por su geografía cualquier resquicio de la aclamadas y perdidas Liberté, Egalité et Fraternité.
“En Francia no somos de la derecha, no somos de la izquierda. Somos del cambio” explicaba un día una compañera francesa, al principio de llegar a Francia, cuando los erasmus recien llegados soñábamos la República. “Chirac, políticamente correcto -y nunca mejor dicho- jugando a ser De Gaulle, pero sin tener la garra y la decisión de éste. Para Chirac todo se soluciona con un referéndum”.
Y Francia necesita un cambio y, da la sensación que el gobierno no sabe cómo articularlo y, la ciudadanía no sabe cómo encajar la indecisión. Los fallos de los últimos meses hablan por si solos: las revueltas de noviembre, el papel que están jugando los medios de comunicación, las caricaturas de Mahoma y ahora, el CPE -precedido por la votación del CNE [Contrato de Nuevo Empleo] en el pasado verano que entró en vigor el 1 de septiembre y no es otra cosa que un nuevo derecho de despido adjudicado a las patronales-.
Hay quien compara el marzo del 2006 con el nostálgico mayo del 68 -incluso para los que no lo vivimos-. Mientras en España se polemiza con los macrobotellones -o macrobotellonas, ya no sé- y el pobre espíritu de la juventud española para protestar por las cuestiones que realmente les afectan – vivienda, empleo, educación, patatíypatatán-, en gran parte de la geografía francesa se vivía el neo-68. Movilizaciones estudiantiles encabezadas por los principales sindicatos, universidades bloqueadas, revueltas, heridos, las paredes de las ciudades llenas de carteles: REVOLUCIÓN.
Y ayer, mientras paseaba entre los restos de una gran manifestación celebrada en Lyon, olía a cerveza, escuchaba timbales, cariocas y malabares, la fiesta entonaba un afrancesado Bella Ciao... y veía manifestaciones, sentadas, encierros, acampadas en las noticias de los telediarios españoles de ciudades como Barcelona, Santiago o Sevilla repletas de jóvenes creyéndose también su neo-68