retorciendo palabras...
2, 09 de 2006-03-09 de 2006
-o cómo intentar no retorcer nada más-
No soy quien para entrometerme en tus pesares, ni tan siquiera soy quien para hacerme con tus alegrías, con tus triunfos individuales. Ahora me sacaste de tu vida. O me marché yo.
Traicionamos nuestras palabras como miserables y abandonamos todo atisbo de coherencia con nuestros actos. Hemos aprendido de la vida, de nuestra vida. Me marcaste con tu reflexión diaria, rutinaria. De qué nos servió pensar que hay posibles imposibles. Querías darme la respuesta, sin embargo fuiste incapaz.
Ahora ya no estoy en tu espacio físico, porque reculaste hasta convertirme en pecadora y hacerme huir lejos de tu calle.
Hubo un día que me miraste y lloraste con mucha tristeza. Esa tristeza llegué a convertirla en mia. Y supliqué, supliqué porque este dolor se fuera, porque me abandonase en ese preciso instante, porque hice de tu pena una agonía, mi agonía. Ahora lloro porque no puedo poseer tus pesares, ni tus alegrias; no puedo disfrutar de tus triunfos personales. Porque llegué a odiar a todo aquel que te amaba, que te miraba, que te tocaba. Odié al que te odia, al que te ignora. Llegué a sentir la rabia que siente el perdedor una vez que le despojan de lo que considera suyo, en el momento en el que despiertas una hora más tarde de la prevista.
Simulé mis pasos de mil maneras distintas. Simulé indiferencia, poseer el poder de arrebatarle los segundos a nuestro día a día. Jugar con el tiempo. Guardarme los segundos que restaba para crear un año nuevo, solo para ti y para mi. Yo si que fui ruín mostrando mi lado menos sincero y acariciando con mi lengua los desdénes de tu tiempo. Jugué a creerme mis dogmas y a compartirlos contigo, a subrayar con mi índice cada gesto que parecía recién. Retorcí mi cuerpo para controlar tu mente, manipulando descaradamente la suma de nuestro letargo juntos. Retorcí sentimientos como palabras.
Y ahora lloro porque me da igual no odiar a quien es participe de ti.
No soy quien para entrometerme en tus pesares, ni tan siquiera soy quien para hacerme con tus alegrías, con tus triunfos individuales. Ahora me sacaste de tu vida. O me marché yo.
Traicionamos nuestras palabras como miserables y abandonamos todo atisbo de coherencia con nuestros actos. Hemos aprendido de la vida, de nuestra vida. Me marcaste con tu reflexión diaria, rutinaria. De qué nos servió pensar que hay posibles imposibles. Querías darme la respuesta, sin embargo fuiste incapaz.
Ahora ya no estoy en tu espacio físico, porque reculaste hasta convertirme en pecadora y hacerme huir lejos de tu calle.
Hubo un día que me miraste y lloraste con mucha tristeza. Esa tristeza llegué a convertirla en mia. Y supliqué, supliqué porque este dolor se fuera, porque me abandonase en ese preciso instante, porque hice de tu pena una agonía, mi agonía. Ahora lloro porque no puedo poseer tus pesares, ni tus alegrias; no puedo disfrutar de tus triunfos personales. Porque llegué a odiar a todo aquel que te amaba, que te miraba, que te tocaba. Odié al que te odia, al que te ignora. Llegué a sentir la rabia que siente el perdedor una vez que le despojan de lo que considera suyo, en el momento en el que despiertas una hora más tarde de la prevista.
Simulé mis pasos de mil maneras distintas. Simulé indiferencia, poseer el poder de arrebatarle los segundos a nuestro día a día. Jugar con el tiempo. Guardarme los segundos que restaba para crear un año nuevo, solo para ti y para mi. Yo si que fui ruín mostrando mi lado menos sincero y acariciando con mi lengua los desdénes de tu tiempo. Jugué a creerme mis dogmas y a compartirlos contigo, a subrayar con mi índice cada gesto que parecía recién. Retorcí mi cuerpo para controlar tu mente, manipulando descaradamente la suma de nuestro letargo juntos. Retorcí sentimientos como palabras.
Y ahora lloro porque me da igual no odiar a quien es participe de ti.
Yo me retuerzo, me retuerzo también, me parece autobiográfico, me identifico de alguna manera. Un beso del astronauta que quiere escapar de la galaxia erasmus
Que triste
¿nieva?
"Retorcí sentimientos como palabras"... eso es de esas cosas que uno escribe y te entran ganas de llorar porque el que algo que uno siente (o no, no sé) y le duele sea, encima, tan bonito cuando lo escribes, uf... [viva viva mi sintáxis].
debatimos sobre a quien le escribes