la vida jamás había sido tan dulce...
1, 11 de 2005-11-11 de 2005
...como el chocolate -por ejemplo-.
Cine y literatura. Tim Burton y Roald Dahl. Dos mundos. Dos artes.
El cielo está nublado desde que abrí la ventana esta mañana y, desde las cinco de la tarde, oscuro por la ausencia de sol. Y ya la noche fría de Lyon si te asomas. Hoy tocaba tarde de cine, de luces apagadas y de mantita en el sofá. Una tarde de niños, con niños en el limbo de la responsabilidad.
Elegimos fantasía y chocolate. Elegimos sueños. Elegimos cuento y cine. Elegimos, porqué no, realidad.

Colores. Música. Formas. Sombras. Guiños a sus obras anteriores. Nuevamente Tim Burton, sin pretensión de hacer algo nuevo, sólo narrar. Como si pasaras, una a una, las páginas de un cuento, el mismo que escribió Roald Dahl en 1964.
Willy Wonka vs. Johnny Deep

elegir entre personaje y actor es difícil. El primero es mágico y excéntrico. Y el segundo, con sus aires de Steven Tylor, bajo mi punto de vista, increíble.
Muchas tardes aquí se endulzan con una ración diaria de chocolate.
Porqué no endulzarnos la vida...
Cine y literatura. Tim Burton y Roald Dahl. Dos mundos. Dos artes.
El cielo está nublado desde que abrí la ventana esta mañana y, desde las cinco de la tarde, oscuro por la ausencia de sol. Y ya la noche fría de Lyon si te asomas. Hoy tocaba tarde de cine, de luces apagadas y de mantita en el sofá. Una tarde de niños, con niños en el limbo de la responsabilidad.
Elegimos fantasía y chocolate. Elegimos sueños. Elegimos cuento y cine. Elegimos, porqué no, realidad.

Colores. Música. Formas. Sombras. Guiños a sus obras anteriores. Nuevamente Tim Burton, sin pretensión de hacer algo nuevo, sólo narrar. Como si pasaras, una a una, las páginas de un cuento, el mismo que escribió Roald Dahl en 1964.
Willy Wonka vs. Johnny Deep

elegir entre personaje y actor es difícil. El primero es mágico y excéntrico. Y el segundo, con sus aires de Steven Tylor, bajo mi punto de vista, increíble.
Muchas tardes aquí se endulzan con una ración diaria de chocolate.
Porqué no endulzarnos la vida...