aprendiendo a volar
2, 26 de 2005-07-26 de 2005
cuando estuve en París y me ví tan pequeña al lado de la Tour Eiffel, fuí consciente de mi miedo a las alturas y me rajé a subir hasta arriba. Lo que pasa, es que ir a París y no subir a la cima de esa montaña y dominarlo todo era como estar en la playa y no pisar la arena...
De eso hace ya algunos años, y aún no había superado mi miedo a las alturas, cuando una noche, muy de noche, rondando las 6 am un amigo, después de estar una cuantas horas trabajando en el site en un proyecto, se le ocurrió que era el momento de hacerle frente.
Esa noche [o esa mañana, ya no lo sé] tuve que hacerle frente a mis inseguridades y a mis miedos más vanales: los juejos [los videojuegos] , mi descoordinación, mi no saber perder y las alturas. El videojuego [un powerpoint que me hizo sudar] de las narices consistía en saltear obstáculos con un helicóptero.
Quien me conoce bien -y el niñato de los cojones me conoce bien- sabe que no me gusta jugar y, sí, la razón es porque nunca gano. Si juego al mentiroso, siempre soy la más mentirosa y además me pillan. Si jugamos al culo, acabo siendo en todas las partidas el culo. Si es al monopoli, pues pierdo todo mi capital, si alguna vez lo tuve, claro. Si es al parchís, pues cuando mis fichas van llegando a casa acaban matándolas antes de ponerme a salvo. Si es la oca -habrá juego más sencillo que la oca- pues acabo siempre de puente a puente. Y así con todo...creo que por esto me aficioné en mi infancia a la lectura. Siempre pierdo.
Hacerme jugar a aquellas horas a saltear obstáculos montada en un helicóptero, se convirtió en un reto. Pero un reto para él, porque para mi era, cómo decirlo..., un tanto bochornoso, porque sabía feacientemente que no sería capaz de controlar los mandos de eso bicho -bicho que no era otra cosa que un simple ordenador, pero para mi que iba pilotando el helicóptero, tuve hasta vértigo!-. Casi una hora estuvimos, primero, intentando convencerme para que subiese en el aparato. Después para poder coordinar mis dedos y tercero, para llegar a un número determinados de puntos- sino recuerdo mal, 850-.
Una vida me costó. Y allí estaba yo, deseando dormir, abochornada de vergüenza porque una vez superada la primera fase, el miedo a las alturas, no era capaz de superar la segunda y, mucho menos la tercera.
El tipo insistió, porque, ya digo, para él era un reto. Y al final superé los puntos que me había impuesto y con diferencia.
Y él fue tan feliz... Reconozco que yo también. Todo es cuestión de empeño, eh?
Agradecimientos:
felipe, papá de felipe -por enviarle el puto juego, que vaya añito de helicóptero y vaya nochecita...-y al creador del helicóptero game.
GAME OVER
see you soon
De eso hace ya algunos años, y aún no había superado mi miedo a las alturas, cuando una noche, muy de noche, rondando las 6 am un amigo, después de estar una cuantas horas trabajando en el site en un proyecto, se le ocurrió que era el momento de hacerle frente.
Esa noche [o esa mañana, ya no lo sé] tuve que hacerle frente a mis inseguridades y a mis miedos más vanales: los juejos [los videojuegos] , mi descoordinación, mi no saber perder y las alturas. El videojuego [un powerpoint que me hizo sudar] de las narices consistía en saltear obstáculos con un helicóptero.
Quien me conoce bien -y el niñato de los cojones me conoce bien- sabe que no me gusta jugar y, sí, la razón es porque nunca gano. Si juego al mentiroso, siempre soy la más mentirosa y además me pillan. Si jugamos al culo, acabo siendo en todas las partidas el culo. Si es al monopoli, pues pierdo todo mi capital, si alguna vez lo tuve, claro. Si es al parchís, pues cuando mis fichas van llegando a casa acaban matándolas antes de ponerme a salvo. Si es la oca -habrá juego más sencillo que la oca- pues acabo siempre de puente a puente. Y así con todo...creo que por esto me aficioné en mi infancia a la lectura. Siempre pierdo.
Hacerme jugar a aquellas horas a saltear obstáculos montada en un helicóptero, se convirtió en un reto. Pero un reto para él, porque para mi era, cómo decirlo..., un tanto bochornoso, porque sabía feacientemente que no sería capaz de controlar los mandos de eso bicho -bicho que no era otra cosa que un simple ordenador, pero para mi que iba pilotando el helicóptero, tuve hasta vértigo!-. Casi una hora estuvimos, primero, intentando convencerme para que subiese en el aparato. Después para poder coordinar mis dedos y tercero, para llegar a un número determinados de puntos- sino recuerdo mal, 850-.
Una vida me costó. Y allí estaba yo, deseando dormir, abochornada de vergüenza porque una vez superada la primera fase, el miedo a las alturas, no era capaz de superar la segunda y, mucho menos la tercera.
El tipo insistió, porque, ya digo, para él era un reto. Y al final superé los puntos que me había impuesto y con diferencia.
Y él fue tan feliz... Reconozco que yo también. Todo es cuestión de empeño, eh?
Agradecimientos:
felipe, papá de felipe -por enviarle el puto juego, que vaya añito de helicóptero y vaya nochecita...-y al creador del helicóptero game.
GAME OVER
see you soon
Aquel día ganaste mucho más de lo que crees. Volar no es cuestión de técnica, es cuestión de Fe.
Te quiero 2.